ARMAR EL ARBOLITO

ARMAR EL ARBOLITO

El armado del «arbolito» de Navidad es una de las tradiciones que se repite cada 8 de diciembre, sin conocer en muchos casos los orígenes y leyendas que las inspiraron e hicieron perdurar en el tiempo, trasciende lo religioso y se instala como una costumbre ineludible.

Los comercios brindan todo tipo de alternativas, ninguna barata, pero en los hogares argentinos ricos o pobres hay que armar el arbolito.

Los orígenes de esta costumbre, ubicados en Europa, son difusos y algunos dicen que la idea era, simplemente, darle un toque verde al hogar con un abeto, pino o boj en contrapartida a la frialdad del blanco exterior del invierno.

Cuentan que el primer árbol de Navidad que se montó en Argentina fue en 1807, cuando un irlandés quiso recordar las costumbres de su país decorando el pino de una plaza pública.

Sin embargo, la tradición de adornarlo está rodeada de otros simbolismos y se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se estableció una relación con la fiesta cristiana.

Como toda costumbre aparecen cuestiones religiosas y también temores espirituales. Los campesinos alejaban con adornos a los malos espíritus y anunciaban los colores de la primavera.

Con el nacimiento de Jesús en el pesebre, iluminado por la estrella que guió a los Reyes Magos, que es la creencia más arraigada en occidente, los que presenciaron aquel «milagro», según la tradición, iniciaron la costumbre de adornar con plata y luces de colores un árbol de similares características en el interior de sus casas.

Los colores tradicionales de las frágiles figuras redondas son los utilizados durante el periodo de adviento: rojo, azul, plateado y dorado y, como es de esperar, cada uno de estos representa una oración distinta. Rojo: una petición, Azul: arrepentimiento, Plateado: agradecimiento, Dorado: alabanza.

El ritual del pesebre se remonta al año 1223, cuando san Francisco de Asís remarcó las virtudes de la bondad, la pobreza, la humildad y la mansedumbre, que para él revivían cada Nochebuena, con un pesebre «viviente» en una gruta natural de las cercanías de Greccio

Para los sudamericanos estas costumbres devienen de la España de la conquista, pero en muchos lugares se mimetizaron con costumbres ancestrales.

En el norte argentino se celebra el nacimiento del “niño dios”. “Y diciembre es propicio para que en los cuatro puntos cardinales de la provincia de Jujuy, se viva con profunda fe el tiempo navideño. La religiosidad popular cobra presencia en los distintos pesebres con sus rituales y también las adoraciones que al ritmo de los villancicos, comienzan a impregnar el aire desde la Nochebuena hasta la fiesta de la Epifanía o llegada de los Reyes Magos.”

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